EL VERDADERO PROBLEMA DE LOS PRIÍSTAS

María Elena Yrízar Arias

La larga historia del PRI había tenido contentos a sus militantes, entre quienes estaba arraigada la idea de que el priísmo está relacionado con el movimiento revolucionario de 1910 que dio paso a un nuevo régimen con la promulgación de la Constitución Política Nacional del 5 de febrero de 1917, que incluyó en sus normas jurídicas y garantías las reivindicaciones obreras, agrarias y sociales.

Los mexicanos de ese tiempo tenían la necesidad de diseñar instituciones políticas,  el presidente de la República Plutarco Elías Calles tuvo la genial idea de agrupar en un partido político a todos los militares, campesinos, comerciantes, obreros, mujeres, intelectuales y todo tipo de ciudadanos, entonces en 1929 se formó el Partido Nacional Revolucionario (PNR) como un partido de corrientes ideológicas, de fuerzas políticas distintas pero afines, así pudo auspiciar relevos de gobierno por medio de elecciones y en condiciones de estabilidad social.

Concebido el PNR como un partido de masas y tutelar de los derechos de los trabajadores, se crea en 1936 la Confederación de Trabajadores de México (CTM) y dos años después, la Confederación Nacional Campesina (CNC), liderada por el potosino Graciano Sánchez. Para 1943 se constituiría la Confederación Nacional de Organizaciones Populares (CNOP), con lo que el partido configuraría una estructura representativa de los sectores obrero, campesino y popular.

El 18 de enero de 1946 se cambió de nombre al partido y se trasformó en el Partido Revolucionario Institucional, entonces el PRI enfrentaba el cambio generacional obligado  por el envejecimiento de los militantes formados en la lucha revolucionaria, para abrir el paso al poder a civiles con estudios universitarios y jóvenes, que lo renovaron.

Al paso de los años, la cultura del respeto a las decisiones de los líderes del partido mantenía a los militantes debidamente organizados y sometidos a una disciplina de la cultura de la línea –llamando así a las órdenes superiores– y a la denominada disciplina, que consistía en aceptar sin siquiera chistar una decisión u orden superior. Algo así como que calladito te ves más bonito.

Este sistema cultural funcionó muy bien, pero para 1988, un grupo encabezado por Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, buscó impulsar una corriente democratizadora al interior del PRI, pero  terminó por abandonar al partido y procedieron a formar el PRD. Fue la primera muestra de inconformidad con la forma en que se manejaba el sistema político de Estado.

En efecto, el PRI logró una permanencia por más de 70 años en el ejercicio del poder público. Para el año 2000 pierde las elecciones presidenciales y el PRI se vuelve partido de oposición al PAN en la alternancia en el poder con él y  con Vicente Fox como presidente de la República. Para el siguiente sexenio, volvió el PRI a perder la presidencial con Felipe Calderón, así, dejó de gobernar a México por 12 años, hasta que Enrique Peña Nieto ganó la Presidencia, cuyos resultados actuales son el enojo y mal humor de los ciudadanos, según las palabras del propio mandatario.

Entonces, lo anterior deja ver que el verdadero problema del PRI es que los priístas ya no creen en su partido y, además, ya no quieren participar en él. Dicen sus militantes que están cansados de lo mismo, que mienten, que aseguran los gobiernos que no subirá el costo de la vida y éste sube, que no subirá la gasolina y sube, que el gas, que todo sube y los salarios no alcanzan para cubrir las necesidades más elementales. Que cada día están más inseguros. Que los policías están mal pagados, cuando los funcionarios públicos ganan más que el mismo gobernador Carreras, que los salarios de los diputados son una ofensa para los ciudadanos y así, sienten un enojo que llega hasta las comunidades más lejanas. Se consideran utilizados, por eso no se sienten motivados por su partido, ya no quieren ser parte de los seccionales, no quieren que los pongan a trabajar en vano, pues no les cumplen los compromisos de que las cosas no estén peores. Hasta eso, no son los priístas tan exigentes con su partido, pero han perdido su sentido de identidad y pertenencia al PRI, ahora el problema del PRI son sus militantes. Las ideas revolucionarias han quedado con la historia del partido, sus políticos actuales no cumplen con las expectativas que pusieron en ellos. Sobre todo en los diputados locales, que son algunos de ellos una verdadera vergüenza nacional por sus declaraciones y actos públicos. Este es sólo un aspecto del gran  problema de incredibilidad de los priístas y de la opinión pública generalizada.

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