EL MISTERIO DE EL CHARQUILLO… ¿SUICIDIO COLECTIVO O ACCIDENTE?

La noticia fue tan cruel como el invierno de 1991; hubo 30 muertos

  “Sólo polvo, telarañas, restos de veladoras, vidrios rotos y algunas viejas bancas de madera, fue lo que quedó de lo que ahora es un tétrico cuarto que hace casi 25 años sirvió como “Iglesia” para los integrantes de un culto religioso  que presuntamente realizaron un suicidio colectivo en un rancho no tan alejado de este municipio de Matehuala. En aquella lamentable ocasión 30 personas, entre las que había mujeres y niños murieron intoxicadas tras ser convencidos por su “pastor” de no abandonar el recinto, mientras sufrían alucinaciones al inhalar monóxido de carbono, todavía queda en duda cuáles fueron los verdaderos motivos que llevaron a veintinueve seres humanos a creer en un sujeto que dijo ser su líder, su salvador, pero que sólo los condujo junto con él a una muerte lenta pero segura”.

Lo anterior es un trágico capítulo de la historia regional que poco a poco ha ido olvidándose con el paso de los años, desapareciendo de la memoria de la población que en aquel entonces quedó anonadada por la lúgubre noticia, quedando la incertidumbre sí todo fue un lamentable accidente o un suicidio colectivo.

  LA TRAGEDIA

Es difícil saber qué pasó con exactitud el 29 de diciembre de 1991, pero una cosa sí es segura, ese día quedó marcado en la memoria de decenas de personas de la comunidad El Charquillo municipio de Venado, San Luis Potosí. Algunos perdieron a su familia completa, otros a sus padres, hermanos, primos, hijos, nietos, amigos, algunos otros a sus vecinos y conocidos. Nunca nada volvió a ser igual en ese lugar el cual actualmente se encuentra casi en el abandono. 

ASÍ OCURRIÓ

Era un día normal en una humilde comunidad donde todavía quedan vestigios que indican que alguna vez hubo riquezas, nadie se imaginaba que en el transcurso de las horas la tranquilidad que se respiraba se convertiría en impotencia, desolación y tristeza al morir 30 personas intoxicadas en el interior de la Iglesia Pentecostal Monte de los Olivos, la mayoría emparentados entre sí.

Fue en las primeras horas del 30 de diciembre de 1991 cuando algo que parecía un rumor de mal gusto comenzó a recorrer todo el Altiplano Potosino, primero en las localidades cercanas a El Charquillo, municipio de Venado, luego en Charcas, Villa de Guadalupe, Matehuala, Catorce, entre otras, extendiéndose la noticia a la capital del Estado, México y otros países: 30 personas habían muerto envenenadas al inhalar monóxido de carbono creyendo que con las alucinaciones anteriores a su muerte estaban recibiendo un mensaje de Dios, guiados por un falso profeta que resultó ser un fanático religioso, que vio en la gente humilde una oportunidad de propagar sus ideas: “la promesa de una nueva vida”.

 EL ORIGEN

Ramón Morales Almanza quien fue identificado como el causante de esa tragedia, nació en la comunidad El Charquillo ubicado al oriente del poblado de Venado, la mayor parte de su vida transcurrió en aquel apacible rancho hasta que, buscando un mejor futuro para él y su familia, decidió emigrar a la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

En aquella urbe se “cambió a otra religión” según uno de sus sobrinos llamado Eustacio Morales; “se convirtió después de que con oraciones le curaron una dolorosa enfermedad de la piel que había sufrido durante años, volviendo a nacer”.

Fueron varias las ocasiones en que Morales Almanza y su familia regresaban a El Charquillo, con la intención de visitar a sus seres queridos, pero siempre con la inquietud de persuadir a los habitantes de aquel lugar de “nacer de nuevo”, logrando poco a poco su cometido.

Entre los “conversos” se encontraba uno de sus hermanos, la esposa de su hermano y al parecer otros ocho miembros de su familia, los demás eran habitantes de ese lugar, quienes habían sido presa fácil de un fanático religioso.

Ramón Morales Almanza en ese entonces de 65 años de edad se dio a la tarea de edificar una pequeña capilla en la parte sur de El Charquillo, la cual construyó entre mezquites y grandes cactáceas conocidas comúnmente como biznagas.

La construcción erigida en 1989 y de forma rectangular, mide de frente aproximadamente 4 metros por 9 de fondo, consta de una entrada principal y sólo dos ventanas, algunas sencillas bancas de madera y un tipo de tapanco, donde el predicador daba sus sermones.

Al entrar se podía observar pintada en la pared la siguiente frase “Alguien más grande que el templo está aquí”, la cual el tiempo se encargó de ir borrando, como se encargó de borrar –en parte- el dolor de los escasos habitantes de El Charquillo que todavía subsisten en sus humildes viviendas, algunas ya casi en ruinas.

Lo que en ese entonces fue un templo de adoración a Dios, ahora se encuentra desolado, totalmente sólo y abandonado, son pocas las almas que se aventuran a entrar a ese lugar testigo mudo de la cruel muerte de 29 personas, seres humanos que tenían la esperanza de recibir “El Espíritu de Dios”, controlados por las “dulces palabras” de un falso pastor que ayudado por las alucinaciones que provoca el inhalar monóxido de carbono, caían lentamente en un profundo pero mortal sueño; sólo tres jóvenes lograron escapar de las garras de la muerte.

 EL DÍA DEL SUCESO

Era una fría noche de invierno, la temperatura había descendido drásticamente, el viento soplaba fuerte, haciendo crujir las ramas de los árboles de una manera extraña, como si la naturaleza supiera que pronto iba a ocurrir una tragedia…. Poco a poco los creyentes de El Charquillo comenzaban a llegar a su templo El Monte de los Olivos. Era un día como cualquier otro, se escucharía la palabra del pastor, se oraría, darían testimonios de su fe, se cantarían himnos y alabanzas.

Era el 29 de diciembre de 1991 el reloj marcaba las 20:00 horas, las puertas del templo se cerraron, nadie desconfió. Se encendieron los faroles y calentadores que funcionaban con gas, el servicio religioso dio inicio.

Juan Flores Valdez –uno de los sobrevivientes-, quien por extrañas razones o porque así lo quiso el destino llegó a la iglesia un poco más tarde de lo usual, eran las 9 de la noche cuando entró y vio a un grupo de personas que ya se habían desmayado, “estaban tiradas en el suelo”, dijo, observando que el resto de la congregación se encontraba tranquila, sin percatarse del peligro que corrían.

“No había humo, no había olor”, comentó a la policía Flores Valdez quien en ese entonces contaba con 19 años y fue uno de los tres jóvenes que dejaron la iglesia poco antes de la medianoche, convirtiéndose así en los únicos sobrevivientes de aquella abominable noche.

La gente empezó a sentirse mal, algunos querían salir, pero el ministro Morales Almanza instó a los pobladores a seguir orando y aceptar “El Espíritu del Señor”; “una de las hijas del pastor y varios de sus nietos ya estaban inconscientes”, narró Flores Valdez.

Otro de los sobrevivientes Guadalupe Limón Morales también de 19 años de edad, manifestó con tristeza ante las autoridades “Ellos dijeron –los integrantes del culto- que nos íbamos porque el diablo había tomado el control de nosotros, esa noche mi hermana Dolores murió en la Iglesia”.

La tragedia fue descubierta la mañana del 30 de diciembre de 1991, cuando fueron localizados los cuerpos de 30 personas por un hombre que buscaba a sus dos hijos pequeños, quienes desafortunadamente también estaban entre las víctimas del fanatismo religioso.

Fue un error, dijo con lágrimas en los ojos un habitante de El Charquillo que perdió a ambos padres y nueve miembros de su familia, quien se mostraba incrédulo de lo sucedido, imaginando que todo era una horrible pesadilla, de la cual pronto quería despertar.

Otro habitante de la desdichada comunidad, Esteban Reyna, quien perdió un hermano y cuatro sobrinos y sobrinas se mostró resignado al momento que las autoridades revisaban el lugar de los hechos; “No se puede culpar a nadie, creemos que fue un accidente, nada más”, declaró en aquel entonces.

Después del tétrico hallazgo en la iglesia Monte de los Olivos, Juan Torres Trejo Presidente Municipal de Venado de aquel entonces, giró instrucciones precisas para el traslado de los cadáveres al Auditorio de aquella ciudad, donde en el transcurso de las horas y los días eran identificados por familiares.

 EL OCASO DE LA TRAGEDIA

Después del triste reconocimiento de los cuerpos por parte de sus seres queridos, los cadáveres de “El Charquillo” fueron entregados a sus dolientes, siendo sepultados 13 de ellos en un Panteón de Venado, mientras que a las otras 17 víctimas restantes se les dio sepultura en la ciudad de Monterrey, Nuevo León.

Hoy en día, son pocas las personas que saben la ubicación de esas tumbas, algunos hasta ignoran el suceso.

 HOY HACE 25 AÑOS….

En la actualidad todavía se encuentra en pie el tristemente célebre Templo Monte de los Olivos en la comunidad de El Charquillo, en su exterior se encuentran colocadas en la pared dos placas con los nombres de las 30 víctimas del llamado “suicidio colectivo”, y al final de cada placa la misma frase bíblica, además de un error en la fecha, ya que se puede leer 29 de diciembre de 1992, en lugar de decir 29 de diciembre de 1991.

Ramón Morales Almanza

Juanita Pérez Delabra

Guadalupe Morales Pérez

Silvia Graciela Ramírez Morales

Miguel Reyna Acosta

Hilaria Morales Pérez

Ana Tere Reyna Morales

Servando Reyna Morales

Nora Elia Reyna Morales

Misael Reyna Morales

Ismael Hernández

Gloria Morales Pérez

José Ismael Hernández Morales

Erick Alberto Hernández Morales

David Armando Hernández Morales

Juan Carlos Hernández Morales

Josué Israel Hernández Morales

Julián Morales Almanza

Caciana Acosta Tejada

Norma Limón Morales

Luis Felipe Reyna Cerda

Francisca Liliana Reyna Cerda

Miguel Morales Acosta

Dolores Limón Morales

Miguel Morales Limón

Servando Morales Limón

Esthela Morales Limón

Maricela Morales Limón

José Reyes Morales Limón

Delia Morales Limón

 Juan 11:25 “Yo soy la resurrección y la vida el que cree en mi aunque esté muerto vivirá”.

(La placa colocada en el exterior del Templo Monte de los Olivos tiene un error en la fecha) 

 PERDÍ TODO

Actualmente en la comunidad de El Charquillo, municipio de Venado, todavía habitan algunos familiares de esas 30 personas que murieron, siendo uno de ellos Eustacio Morales Acosta, quien en ese entonces también relató lo sucedido a diferentes medios de comunicación, y en esta ocasión accedió a contarnos un poco de ese doloroso suceso donde perdió a su padre Julián Morales Almanza, su madre Caciana Acosta Tejada, a su hermano Miguel Morales Acosta, su tío Ramón Morales Almanza -el pastor-, sobrinos y hasta una prima.  

Para Eustacio Morales Acosta todo se trató de un accidente; «el monóxido de carbono fue lo que los mató, estaban en el culto y fue un accidente, no creo yo que haya sido intencional, mucha gente cree que fue un suicidio colectivo».

(Eustacio Morales Acosta)

«Para aluzarse traían una lamparita, como era tiempo de frió pues se encerraron, usted sabe que el gas de esas lamparillas, produce humo o veneno, eso lo confundieron que era de su religión, empezaron a marearse, pensaron que era Dios».

Morales Acosta relata que el resto de la comunidad se dio cuenta de la tragedia hasta la mañana siguiente; «un pariente mío, también se le murió una niña y un niño, fue a buscarlos porque no llegaron a la casa, pero encontró los cuerpos en el interior y salió a avisarnos; perdí todo esa noche».

«Mis papás están enterrados en Venado, así como mi hermano con su familia, pero a los demás los sepultaron en Monterrey».

 RELATO DEL SUPULTURERO

Buscar las tumbas de las 13 personas que fueron sepultadas en el Panteón de Venado fue algo difícil, ya que muchas personas no quieren hablar del tema, tras una búsqueda de varios minutos encontré un rectángulo de aproximadamente 8 metros de largo por 2 de ancho, no tenía ninguna lápida encima, era evidente que el olvido estaba presente.

Me acerqué lentamente a leer las placas de aluminio que están colocadas en tres viejas cruces, efectivamente se trataba del sepulcro de 13 de aquellas 30 víctimas, ya sólo se distinguen los siguientes nombres: Julián Morales Almanza y Familia, Norma Limón, Miguel Morales Acosta y Familia.

De pronto y por la espalda arribó el encargado del Cementerio, quien me cuestionó que hacía en el lugar, tras explicarle terminó por confesar que él fue el encargado de realizar la excavación para enterrar a los del Charquillo.

«Yo estaba muy joven, a eso de las siete de la noche me fueron a buscar a la casa contándome lo sucedido, me dijeron que me fuera rápido pal Panteón y cavara las tumbas, ya que las querían a las 9 de la mañana a más tardar».

«Recuerdo que trabajé toda la noche mientras las víctimas eran veladas en el auditorio», finalizó.

 ¿SUICIDIO COLECTIVO O ACCIDENTE?

Lo que realmente nunca se sabrá es si dicha congregación cometió un suicidio colectivo aleccionados por su líder Ramón Morales Almanza o se trató de un desafortunado accidente, ya que según testigos citados por diarios de aquella época dijeron que los aturdimientos con los vapores de gas, era una práctica común durante la oración en la iglesia Monte de los Olivos. Tal vez en esa ocasión, las cosas se salieron de control.

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