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María Elena Yrizar Arias 

Un debate es una técnica de comunicación que consiste en la confrontación de ideas u opiniones diferentes sobre una temática previamente determinada a tratarse. El objetivo de un debate es plantear, exponer y conocer diferentes posturas y argumentaciones sobre un tema, con la finalidad de que pueda llegarse a una conclusión. En este sentido, los debates deben ser plurales. Por lo general, un debate debería ser fluido, con información y argumentos de calidad, equilibrado, en el que se escuchen diferentes posturas y con una duración razonable. Para que se dé un debate, deben tener participantes, una estructura, un tema y un diálogo con argumentaciones. La información que se intercambia entre los participantes debe estar basada en datos objetivos y veraces, en opiniones razonadas y fundamentadas para defender una postura. En un debate se producen objeciones o argumentaciones en contra de las informaciones presentadas por otro debatiente, ya que puede haber controversias, discusiones o polémicas.

El domingo pasado vimos el debate de los candidatos a la Presidencia de la República, donde pudimos observar el desempeño de los cinco participantes y ¿quién gano el debate? Pues mire usted, esto es fácil de entender. El llamado debate ni es verdad ni es mentira, todo depende del color del cristal con que se mira. En otras palabras, para cada quien, obviamente que gana su gallo o su gallina. Por ejemplo, si se le pregunta a un priísta cómo les fue, les va a decir: ganó José Antonio Meade, aunque su más grande preocupación fue encargarse de fregarse a López Obrador y desaprovechó la oportunidad de defender al presidente Peña Nieto, sobre señalamientos de corrupción, o buscar la forma de emocionar a los priístas y la ciudadanía en general. Pero no fue así. Se vio tibio y lento.

Si le preguntas a un panista, pues te dirá que Ricardo Anaya; dirá que su candidato se vio muy fregón y así sucesivamente, los de Margarita, pues ella ganó y del Bronco, pues también, y no se diga a quienes quieren al Peje y a los que no lo querían, les conmovió que sus adversarios lo hicieran víctima de sus ataques, que al parecer les va a provocar un efecto bumerán, porque los mexicanos tienden mucho a sentir hasta lástima por quienes victimizan las críticas o los ataques. Así son, hasta aman a las víctimas, lo que se verá reflejado en las urnas el primero de julio próximo.

Quienes participaron parecía que se habían puesto de acuerdo previamente para no desaprovechar la oportunidad de señalar a Andrés Manuel López Obrador como un tal por cual, casi casi como un peligro para México. Pero ya conociéndolos, López Obrador se dedicó a aguantarse callado y no perder la postura ante los ataques que recibió parejo de sus adversarios, algo así como “todos contra AMLO”, porque para sus contrincantes, había que aplicarle todo el rigor a quien tiene la más alta preferencia del electorado mexicano, para tumbarlo a como diera lugar, pero no contaron con que en política, lo que no tumba, pues, fortalece. Lo que desde luego ha de resultar muy preocupante para los priístas, que ya vieron que Pepe Meade no trasciende de su tercer lugar y que la contienda se definió entre dos, Ricardo Anaya y López Obrador. En el caso de Meade, o lo sustituyen de inmediato o se resignan a perder la elección. No la tienen fácil los priístas, ante la ciudadanía cansada de los malos gobiernos. Claro que sería más digno que declinara Meade y se salve a sí mismo.


Las propuestas tampoco trascendieron en la conciencia popular, las han oído tantas veces, que ya ni las escuchan. Se fijaron más en si Meade se maquilló su vitíligo, si a Margarita le oscurecieron el pelo o si fue muy mala actriz, si se equivocaba o si el Bronco se vio muy bronco, presumiendo lo que no ha hecho como gobernador en Nuevo León y ahora pretende llevarnos hasta el código del rey Hammurabi de Babilonia de 1692 de antes de Cristo.

El hazmerreír del debate se dio porque los mexicanos, cansados y aburridos de percibir a los políticos como corruptos, dieron lugar al surgimiento del ingenio, la inteligencia y el sarcasmo manifestado las burlas más fuertes del debate. Primeramente percibieron la idea de todos contra AMLO, así vimos caricaturas muy ingeniosas donde se ven todos golpeando al Peje, otras donde boxean Anaya contra López Obrador y Pepe Meade viendo desde abajo del ring; Margarita protegiendo a su marido, el Bronco con su propuesta de mochar manos y Anaya como el seguidor más cercano a López Obrador. Así fueron colocados en simpatiquísimas circunstancias en caricaturas ingeniosas, que hicieron reír hasta al más despistado. En internet, veías una y otras fotos cambiadas con los rostros de los participantes o con los integrantes de la mafia del poder, pero todos mochados de manos, inclusive el mismo Bronco, así que le dieron rienda suelta a su imaginación, que viene siendo un reflejo del sentir del pueblo, que mejor se pitorrea de los políticos.

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