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María Elena Yrízar Arias

Desde tiempos bíblicos de Moisés (1,300 ac) el libertador de los judíos que sufrían la esclavitud en Egipto dio a conocer a su pueblo los diez mandamientos de la ley de Dios, que han servido de base histórica para regular el comportamiento humano de las culturas derivadas principalmente del judaísmo y el cristianismo. Ese decálogo contiene instrucciones como adorar sólo a Dios sobre todas las cosas y guardar el día de reposo, así como también contiene prohibiciones en contra del asesinato, robo, deshonestidad y  adulterio. La anterior ideología coincide con la mayoría de los principios morales y religiosos de líderes como Buda, Mahoma, el patriarca Abraham y Jesús de Nazaret que han quedado plasmados en varios libros como el Corán, la Torah, el Talmud, la misma Biblia. Todos estos textos contienen principios morales o éticos que sobreviven en la actualidad y que son fuentes fundamentales del actual derecho.

En la filosofía occidental se destacó Aristóteles (384 a 322 ac), quien abordó el tema de la ética individual, desde la perspectiva de una justicia dentro del alma y la ética pública, con una compleja Teoría del Estado. Se puede entender a la ética como la disciplina filosófica que estudia el bien y el mal y sus relaciones con la moral y el comportamiento humano, así la ética estudia: lo qué es un acto moral, cómo se justifica racionalmente un sistema moral, y cómo se ha de aplicar posteriormente a nivel individual y a nivel social. Por lo tanto, la ética tiene como objetivo el observar los actos que el ser humano realiza de modo consciente y libre (es decir, aquellos actos sobre los que ejerce de algún modo un control racional). No se limita sólo a ver cómo se realizan esos actos, sino que busca emitir un juicio de valor que determine si un acto ha sido éticamente bueno o malo.

Me parece que la auténtica actividad política ha de estar regida por criterios morales, si quiere ser la  tarea que dignifique a los políticos y a la ciudadanía y no como la lucha por el poder y debe estar basada, cuando menos, en estos seis puntos:

Principio de la receptividad: Todo político deberá ser receptivo a las críticas y quejas ciudadanas, ya que el rechazo directo de las críticas que se susciten en las decisiones políticas lógicamente nos muestra un comportamiento político de dudosa validez moral.

Principio de la trasparencia: Es una obligación moral de todo político decir la verdad a la ciudadanía.

Principio de la dignidad: Según Kant, todo político habrá de actuar considerando a las personas implicadas en sus decisiones como fines en sí y nunca como meros medios.

Principio de los fines universales: Se refiere a aquellas argumentaciones, decisiones o acciones políticas con las que se procura beneficiar, por ejemplo electoralmente o económicamente, a un partido político, son inmorales.

Principio de servir: Son personas que se entregan a la vida política, luchan por causas, ven en el acceso al poder un medio para servir a la ciudadanía.

Y principio de la responsabilidad: Es el responder, de todo aquello de lo que se solicite explicación o justificación; es asumir como propios los comportamientos ilegales o gravemente inmorales de los altos cargos subordinados y tomar decisiones.

Desde luego que estos puntos si fueran tratados, podrían ser una buena base para que se integraran en la propuesta que hace el diputado Héctor Mendizábal sobre el Código de Honor de los Diputados potosinos, que al parecer está siendo señalado como que “se lo fusiló” del Código de Ética Federal, dictado el Día de la Madre. Lo que ya de por sí es muy mal punto de partida, cuando se quiere referir a la moralidad. Habría que ver hasta dónde están los alcances del tema de ética o moralidad en nuestros diputados, podría ser muy interesante observar si es posible que exista un punto de convergencia o de encuentro entre el discurso de la eticidad –que es una unidad dialéctica de la moralidad con la socialidad– y que los referidos legisladores sean capaces de asumir una conducta acorde con esos principios o que tengan realmente conductas honestas.

¿A poco saben de ética? Sabrán que es eso de ética en la política? ¿A poco sí? Bueno pues hay que referirnos a que la ética política, vista desde la moral tiene como objetivo la búsqueda de varios principios éticos. Es urgente que se entienda lo referente a la ética política, que tiene la posibilidad de ofrecer principios morales en que se fundamente la práctica política. De lo contrario ¿habrá ética para vividores del sistema político? ¿Moralidad para inmorales? ¿Dónde convergen estos puntos con la conducta de nuestros diputados? Será que de verdad les intentarán recuperar la credibilidad en diputados, como dijo ayer el legislador Fernando Chávez Méndez.

 

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